Lo placentero resbala, lo riesgoso se adhiere


Si cruzando la calle de pronto nos damos cuenta de que hay un atardecer bellísimo, y nos detenemos a apreciar sus tonos fucsias y grises, salpicado con delicados brochazos de oro en las nubes, que deja entrever brillantes celestes que se van suavemente oscureciendo hacia el cénit, interrumpidos por el destello del lucero de la tarde, mientras sentimos la brisa fresca en el rostro, lo más probable es que nos atropellen.

Por eso no nos pasa: porque nuestro sistema nervioso ha evolucionado para ponerle más atención a los riesgos que a los placeres. En un sentido es afortunado, puesto que funciona para garantizar nuestra supervivencia. En otro triste, porque por atender los riesgos, dejamos de apreciar lo bueno que nos regala la vida, aun cuando no estemos enfrentando riesgos reales. De hecho, nuestro sistema de amenaza califica como riesgos muchas experiencias que no lo son: 1 de cada 10 experiencias que activan nuestro sistema de amenaza son amenazas reales. Es, en otras palabras, un sistema muy exagerado, que privilegia la información respecto de riesgos que la de placeres, lo que se conoce como el “sesgo negativo”.


Esta preferencia por información negativa también se transfiere, por lo tanto, a la memoria. Es más probable que guardemos en nuestra memoria eventos negativos que eventos placenteros, porque esta información nos ayuda a evitar riesgos futuros. Como dice Rick Hanson, psicólogo especializado en la neurociencia de la felicidad, nuestra mente es como velcro para las experiencias negativas, y como teflón para las positivas. Por esta cualidad adhesiva del dolor, al poner más atención y recordar más fácilmente eventos negativos, nuestra vida puede ponerse negativa sin darnos cuenta.


¿Qué hacer?

Afortunadamente, podemos entrenar a nuestro sistema nervioso para revertir esta situación. Dado que nuestra mente, particularmente en tiempos de alerta, tenderá a poner atención mayoritariamente a los riesgos, podemos hacer el esfuerzo de dirigir nuestra atención hacia los eventos placenteros.

¿Por qué no parar ahora, unos segundos, y buscar aquello que te parezca bello a tu alrededor?

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